Con un puñado pequeño de compañeros nos juntamos hoy respetando todas las medidas de bioseguridad y distanciamiento social a rendirle homenaje a este gigante del Sindicalismo Argentino, un verdadero “soldado de Perón” el compañero José Ignacio Rucci y lo hicimos contando con la presencia de su hijo Anibal, compañero dirigente del hermano municipio de Ituzaingó.
Decidimos pararnos fuera de la grieta que divide, decidimos pararnos para este homenaje en la Unidad del Campo Popular con eje en el Peronismo, esa unidad que hoy es más necesaria que nunca para poner de pie a la Argentina y a los argentinos, la hermosa escultura con la imagen del homenajeado José Ignacio que el artista Alejandro Marmo nos donara hace exactamente tres años, fue testigo de nuestro sincero homenaje y llamado a la unidad.
Apelar a la memoria sana y completa es una tarea que los peronistas siempre nos hemos impuesto como una forma de darle continuidad a nuestra causa redentora. Es por eso que cada aniversario de nuestros fundadores y mártires contiene un profundo sentido humanista, despojado de cualquier revanchismo y especulación espuria.
La muerte violenta de José Ignacio Rucci con el transcurso del tiempo dejó de agitarse para avivar el fuego de la división y se ha ido convirtiendo en una bandera de unidad y en símbolo de lucha por la justicia social para el Movimiento Nacional Justicialista.
Es así que Rucci trasciende lo meramente sectorial y al superar fronteras ideológicas también señala un derrotero a seguir cualquier sea la época que nos toque vivir. La situación apremiante de los trabajadores sindicalizados y las nuevas realidades laborales nos demandan una mirada generosa, amplia y realista. Evita nos enseñó que “donde hay un obrero está la Patria”. Y hoy obreros ocupados o desocupados esperan del Peronismo las soluciones que otros no supieron o no quisieron dar cuando les tocó gobernar. Porque para nosotros la Patria se hace trabajando y no en las mesas del capitalismo financiero.
Por eso, Rucci eleva la vara de los dirigentes políticos, sociales y sindicales. Él fue un luchador que supeditó un proyecto de Patria a la realidad que debía modificar, no por imponer una doctrina partidaria sino porque esa doctrina encarnaba, precisamente, las necesidades y los sueños del Pueblo en su conjunto.
Expresamos, entonces, nuestra adhesión a los valores que defendió Rucci en vida y que nos legó con la sangre de su martirio para que sepamos reolver los desafíos contemporáneos. Rucci hizo de la lealtad a Perón una expresión consecuente que sintetizaba, más que una sumisa posición sectorial, una manifestación plena del Peronismo de su época. Luego las mismas circunstancias se encargarían de marcar el ritmo de nuestro accionar político, actualizado y perseverante.
Compañeros y compañeras: José Ignacio Rucci vivirá siempre en el corazón de los peronistas mientras tengamos la grandeza suficiente para reconocer errores y superar agravios, unidos en la diversidad que fortalece la victoria del Pueblo.

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